La gran cuota de humor en la final de la Copa…

¡Atención amantes del balompié! La épica final de la Copa del Rey se avecina, poniendo a sudar La Cartuja de Sevilla más que un turista alemán en julio. Y no, no habrá sorteo de «piedra, papel o tijera» para decidir quién es local. ¿Por qué? Porque la RFEF ha resuelto este galimatías con el criterio más ilustre de todos: el calendario. El equipo más viejuno es coronado como local en el acta, lo que, como podéis imaginar, no cambia absolutamente nada, salvo tal vez la fila en la que se sentará el alguacil del barrio.

Nuestros contendientes se deciden por esas cosas tan vitales de principios de milenio como antaño: cuando el fútbol aún se jugaba con vejiga de jabalí y los goles se contaban por aullidos de lobos. El F.C. Barcelona, nacido al amanecer del siglo XX, se la juega con sus archienemigos históricos. Mientras, un balonazo de última hora de Rüdiger ha enviado a la Casa Blanca al éxtasis, todo un thriller digno de Hitchcón… o Hitchcock.

En cuanto a las entradas, si no eres socio o abonado, ve preparando tu talento para el origami de billetes. La RFEF, cual dragón soñoliento de la cueva de tickets, se reserva un tercio de las entradas para sus cruzadas diplomáticas. ¡Así que afila tus garras y consigue esos valiosos tickets cual cazador en busca de su tesoro perdido! La batalla está servida para 72.000 valientes en el renovado y resplandeciente estadio, y tú puedes ser el guerrero afortunado que surque el césped de La Cartuja desde la grada.