El Bernabéu enfadado y el Madrid desorientado…
El Real Madrid decidió que jugar al fútbol sin errores sería demasiado aburrido y quiso dar una función dramática digna de una telenovela. ¡El Bernabéu parecía la arena de un circo romano cuando el minuto 81 marcaba la sentencia de la eliminación! Hasta las palomitas se atragantaron con el pánico. El Madrid dio un espectáculo que ni el mejor guionista de Hollywood podría haber escrito, pero no por su buen juego, sino por la épica del momento. Era como si quisieran que la Copa fuera su nuevo trofeo de la suerte, o tal vez pensaron que estaban participando en un drama teatral. En cualquier caso, jugaron con la intensidad de un caracol en domingo.
La Real Sociedad estaba dando un recital de fe en el campo, como si ésta fuera su propia película de Rocky Balboa, con la victoria al alcance de sus guantes de boxeo. Los errores del Madrid eran como un buffet libre para los donostiarras, que lo aprovecharon como si fueran comensales hambrientos en Navidad. Take Kubo hizo más daño que una mula pateando bancales, y Ancelotti se quedó con cara de ‘¿Dónde está Wally?’ al ver su alineación evaporarse. Camavinga fue triturado cual puré de patatas y Alaba, pareciera, estaba allí de incógnito.
Al final, la buena suerte al estilo de película de Disney se hizo presente para salvar al Madrid en el último segundo. Remiro, con manos mágicas dignas de un mago despistado, vio cómo el balón decidía esquivarle estrategicamente para entrar en la portería. Al terminar, el misterio estaba resuelto: el Real Madrid pasa a la final sin haber aprendido a conquistar la Copa sin hacer un trabajo de riesgo en el borde de la tragedia. Tal vez deberían considerar cambiar su grito de ¡Hala Madrid! por ¡Hala Milagros!, con Ancelotti en busca de nuevos héroes que no dejen el corazón de los madridistas a punto de un infarto.