Metiéndolos como quien cuida su jardín…

Imagina un jardín donde, en lugar de flores y plantas, florecen goles. ¡Exacto! Ese es el jardín secreto de Endrick, un crack brasileño que hasta ahora solo dejó su huella de gol ausente una vez, al parecer porque la Deportiva Minera le lanzó un hechizo anti-gol. Desde entonces, su racha goleadora ha sido tan imparable como los niños corriendo tras el balón en el recreo. Ahora comparte el trono con Julián Alvarez, quien se dedica a repartir más pases que un DJ en una fiesta. ¡Que alguien les consiga unas medallas de chocolate a estos muchachos!

Con una mezcla de felicidad más grande que la sonrisa de un niño al recibir su primer balón, Endrick declara que quiere todos los títulos. Nada menos. Después de todo, ¿quién no querría ganar dos finales, sacarse fotos con las copas y echar carreras con ellas por el vestuario? Entrenará más duro que una abuela intentando usar un smartphone, todo para sentarse algún día en la final de la Champions como si fuera su sillón favorito, con los goles y pasecitos mágicos de Vinícius adornando la colección.

Mientras tanto, Endrick juega el rol del compañero de aventuras, como el fiel perro de Tintín, dispuesto a chupar banquillo si hace falta. Repite como un disco rayado que es el más entusiasta del vestuario, aunque allí esté rodeado de delanteros más imponentes que las torres del Santiago Bernabéu. No le importa ser el pequeño saltamontes, siempre dispuesto a saltar al campo cuando le llamen. Eso sí, se cura en salud y asegura que no lee la prensa desde los 17 porque, como todo el mundo sabe, no hay titulares más crueles que sus cacerolas quemadas.