El drama de un delantero sin premios…

Hugo Duro parece tener el superpoder de marcar goles que se evaporan más rápido que una pizza en una reunión de amigos. Desde que aterrizó en Valencia, su misión es perforar la portería del Real Madrid como si fuera un ninja con dotes de francotirador. En cuatro intentos ha clavado el esférico en la red blanca. Pero, ¡ay! Sorpresa: esos goles han generado tantos puntos como calcetines desparejados en un cajón. ¡Nada más que uno!

La historia comienza como un thriller: Hugo marca el primer gol, los aficionados gritan como si hubieran encontrado oro en la playa, pero el Real Madrid siempre tiene un as bajo la manga, o quizás, un conejo escondido en el césped del Bernabéu. Así, Vinicius y Benzemá llegan al rescate cual superhéroes galácticos, frustrando la fiesta valenciana. Incluso cuando Duro decidió ponérselo difícil con un golazo de cabeza, los compañeros de Batman de la Casa Blanca le dieron la vuelta al marcador más rápido que un canguro que ha pisado un lego.

Y así, con la misma imposibilidad que tengo yo para entender cómo quitar las manchas de café de la camisa blanca, llega cada nueva temporada. Con un debut esperado y un gol contra reloj que ilusiona, pero que siempre acaba derritiéndose como un helado al sol frente a los destellos luminosos de las estrellas madridistas: Modric y Bellingham. Y Hugo Duro se va a casa con la sensación de haber ganado la lotería… pero con un boleto vencido. ¡Ánimo, campeón! Quién sabe, a la próxima igual les metes un hat-trick y también te vas sin puntos, pero con un poco más de notoriedad en el club de los goles memorables pero sin premio.