La épica española en la Copa y sus insólitas crónicas…

Y ahí estaban, en el teatro del fútbol, los White Walkers del Real Madrid, prometiendo una noche que ni en las telenovelas más intensas. En un abrir y cerrar de ojos, en menos tiempo del que tardas en decidir qué película ver en Netflix, ¡la Real Sociedad montó la fiesta! Con un marcador de 1-3, los donostiarras casi se llevan hasta la estatua de Cibeles de paseo. Pero, ¡espera! Ancelotti, el mago oscuro, le dio cuerda a sus muñecos y Bellingham, con la tranquilidad de quien toma el té, puso el 2-3 y devolvió la esperanza blanca.

Mientras tanto, Lunin, el arquero ruso del Madrid, decidió jugársela al pinsapo en una «menjada» que fue tan sideral como ver a un elefante lanzando un penalti. Tchouaméni escuchó su nombre, y como si fuese a marcar gol en una función de circo, igualó el partido a tres y nos arrojó a una prórroga de infarto. A cada segundo, el tiempo añadido se estiraba como un chicle en el colegio, pero entonces Oyarzabal sacó su varita mágica para anotar, y RAC1 desplegó todo un nuevo acto en su opera futbolística.

Y cuando todos pensaban que el show había terminado, la flor de Ancelotti floreció -¡otra vez! – cuando Rüdiger, entre ovaciones y lágrimas quietas, marcó gloriosamente en la prórroga. Su celebración, sin escalas, fue digna del carnaval de Río, ganando una amarilla virtual por elevar el grado de festividad en primera fila. Comentaristas de RAC1 pidieron tarjetas, pero tranquilo, amigo lector, solo es futbol: aquí las cosas vuelven a su curso mientras todos seguimos intentando descubrir de qué planeta realmente viene nuestro querido Ancelotti. ¡Hasta la próxima función!