Rafa Nadal, al borde del colapso de euforia…

¡Atención, atención! Rafa Nadal ha demostrado que, aunque esté retirado de las pistas, no piensa retirarse de las gradas. Infiltrado en el Santiago Bernabéu, el hombre que sigue siendo víctima de su propia emoción y alguna que otra gota de sudor, perdió la compostura tras el gol definitivo de Rüdiger. ¡Vaya espectáculo, señoras y señores! Si antes era el rey de la pista, hoy ha sido coronado como el rey del alarido futbolero. La cámara de RealMadridTV captó la emoción de nuestro extenista que, tras armar un jolgorio que ni en la feria de abril, tuvo que sentarse a recuperar el aliento como si acabara de correr una maratón ante una manada de caballos en chándal.

El gol al estilo «tiro parabólico» llegó en los últimos latidos de la prórroga, con Rüdiger haciendo de las suyas como si estuviera pateando un melón de verano en vez de un balón de Champions. Tal fue la intensidad del momento que hasta las palomas de la Cibeles se detuvieron en seco, olvidando por un momento sus intrincados planes de sobrevolar la ciudad. Nadal, aún con el polvo del tenis en el cogote, demostró que un gran partido de fútbol puede dejar más cansado que una final de Grand Slam.

El Madrid, que se tambaleaba como un flan de gelatina ante un músico desconcentrado, encontró su salvación gracias al belicoso Rüdiger. La escena podría haber sido sacada de una película de acción: el héroe en el último segundo salva a la orquesta antes de que el director, Carlo Ancelotti, tire la batuta. Alcanzaron la final de la Copa del Rey y Nadal, el entusiasta fan número uno, estuvo allí para aportar con sus auriculares en forma de raquetas imaginarias. ¡Quién necesita un estadio lleno, cuando tienes un Nadal en la grada!