El teatro del Bernabéu en puro drama…
En el Santiago Bernabéu se vivió algo más dramático que la última telenovela de moda. Por un lado, la Real Sociedad parecía estar en un maratón con una cinta de correr rota, corriendo mucho pero sin avanzar. Por otro, el Real Madrid parecía estar en el sofá de su casa viendo todo por televisión. Era como si los de casa pensaran: «Podemos, pero… meh, luego» y los visitantes decían: «Queremos, pero las piernas no nos escuchan». Muy shakesperiano todo.
Pero claro, el fútbol es una cosa que da más vueltas que una noria en una feria. Rüdiger vino vestido de héroe de cómic para marcar al final y darle al Madrid el pase a la final, como quien se saca un conejo de la chistera. Mientras tanto, Oyarzabal, decidido como si estuviera tratando de montar un mueble de IKEA sin instrucciones, se quejaba de lo difícil que es a veces darle vida a las oportunidades perdidas, pero nunca rindió el mazo.
Una mención especial para Vinicius, nuestro verdadero superhéroe de último minuto, que llegó como quien se despierta de una larga siesta para salvar el día. Fue como si le hubieran dado un café cargado, y de repente vimos lo imposible: Vinicius en modo «Dortmund». Tal fue la hazaña que ni Aramburu ni todos los goles del año pudieron detenerlo. Lo del Bernabéu fue un capítulo digno de cuento: misterio, emociones a flor de piel y los clásicos giros inesperados que ni en el mejor guion de Hollywood nos ofrecerían.