Una odisea futbolística de 160 km…

¡Ay madre, que a Van Nistelrooy ahora le ha dado por emular a los emperadores romanos! Imaginaos la escena: el técnico neerlandés, convencido de que sus jugadores deben dormir más cerca del campo que sus propias pelotas de fútbol, entra en cólera porque Harry Winks, el estelar centrocampista, prefirió una noche en su camita de siempre a hacer un trayecto digno de un episodio de «El Señor de los Anillos» para ir a entrenar. Se dice por ahí que Van Nistelrooy ha mandado comprarle un GPS a Winks pero solo para que se lo quede de adorno en casa.

El bueno de Harry Winks, cuyo vehículo debió sentir que le estaban haciendo una traslación al hiperespacio cada día desde que fichó por el Leicester City, no daba su ala por torcer. “¡¿160 kilómetros cada noche para dormir en una cama incómoda?! De ninguna manera, que yo ya he dormido en la litera de arriba y no más”, habría dicho el talentoso futbolista. Por si acaso, ha comprado una almohada ortopédica e intentado convencer a Van Nistelrooy de que simule ser un jugador de su PlayStation, porque no piensa pegar ojo en un colchoncillo duro como el banquillo donde a veces lo colocan.

En fin, que el Leicester cayó por 2-0 contra el todopoderoso Manchester City en un partido donde no había más solución que marcar más goles… y Harry Winks no estaba ni para limpiar las zapatillas de sus compañeros. Lejos de la salvación, a los Foxes se les viene un invierno más largo que el de ‘Juego de Tronos’, y todo por un viaje que ni la NASA se atrevería a emprender en uno de sus cohetes. Y como Van Nistelrooy no recula, rumores de nuevos entrenadores ya empiezan a volar más rápido que uno de esos desplazamientos de 160 km. Eso sí, que el que venga traiga una furgoneta.