Ancelotti desata al inner Vinicius…
Ajústense las corbatas, damas y caballeros, pues la noche en el Bernabéu estaba más emborronada que un examen sorpresa de matemáticas. Era la hora mágica de las 23:07 y el Real Madrid no veía la luz al final del túnel, tan perdido como un jugador de ajedrez en un campo de fútbol. Justo en ese instante, Davide Ancelotti hizo una interpretación impromptu del baile del pánico mientras Carletto, alias papá furioso, convencía a Vinicius de que la defensa no se gana con un susurro, sino con argumentos dignos de cine de acción.
La conversación en la banda recordaba a esos momentos épicos de lucha entre Jedi. Carletto, ceñudo como el aguacero más tenebroso, y Vinicius, contrariado, frente a frente como Batman y el Joker, mas con sudadera en vez de capa. Entre tanto, el Bernabéu miraba la escena con más expectación que un episodio final de telenovela, hasta que llegaron los cambios cual obra de teatro perfectamente ensayada, porque claro, los dramáticos gestos de los jugadores suelen valer su peso en oro.
Finalmente, nuestro querido Vini se convirtió en el Maradona del patio del recreo, ese niño que al sonar la campana te quita el balón y aún tiene tiempo para cambiar el destino del partido. Según Carletto, bastó el toque mágico del discurso del abuelito italiano para que Vinicius corriera como si perseguía el último autobús, sembrando goles y sonrisas cual Papá Noel al pie de los pinos de Navidad. Todo un héroe del cómic galáctico al servicio de la red rematada por Bellingham. ¡Ah, Vini, quién hubiera creído que nuestro supersónico velocista tenía un interruptor que lo transforma en un Volante Supremo del fútbol cuando le da la gana!